Se detuvo el tiempo en sus faldas, negándose al paso del hombre con
característico marchitar propio de su paso.
El reflejo de las
nubes en sus abismos, inestable como el tono verde que sobrepasa sus praderas, variante
según el estado anímico de sus habitantes, suyos, suyos aquellos que la visten a
pata shucha y le trabajan a punto azadón, los demás no son mas que intrusos,
intrusos bien recibidos.
Una que otra
casita valiente se avanza a divisar en los más pronunciados abismos.
Los prados avejentados,
susurran cantos imperceptibles a ojo abierto, el pintoresco cementerio de las
orillas montañosas de Tigua cuando sus hijos, los de a de veras vuelven al útero
de la mama que les pario, mama a la que medio medio se regresa luego de hacerle
trabajar, a la otra mama a la más sufrida, los que se marcharon y no alcanzaron
a volver.
Hay pintores que emulando
trances y pajonales
chaquiñanes y llamingos,
alpargatas y llanos.
Emulan con
pigmentos lo que músicos logran con notas, salpicando con sonidos un lienzo cantante,
ahora son músicos.
Estamos en el
páramo
Los músicos pintan,
los pintores escriben, los indígenas cosechan y reinan y los llanos de Tigua no
se marchitan.
Escrito : Trouble
Pic : Reservado
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